¿Nos vamos o nos quedamos? El dilema de los venezolanos en el exterior
Tras la “extracción” de Maduro y el tutelaje de Washington, millones de venezolanos en el exterior se debaten entre la euforia y la incertidumbre. Con una economía que sigue deteriorándose y una transición sin rumbo claro, se impone la pregunta angustiosa: ¿nos vamos o nos quedamos?
A partir de los bombardeos de la madrugada del sábado 3 de enero de este año, que muchos caraqueños vivieron con terror, y de la ‘extracción’ —curiosa palabra— de Nicolás Maduro y Cilia Flores para llevarlos ante un tribunal de Nueva York, millones de venezolanos en EE. UU., Europa y América Latina viven una situación de incertidumbre. La primera reacción fue de euforia y de celebración espontánea. Por fin veían a la cabeza del régimen que ha gobernado el país los últimos 27 años en manos de la Fuerza Delta de Estados Unidos, vendado, esposado, rumbo a una corte donde se vería obligado a rendir cuentas por sus delitos de narcotráfico.
En muchas ciudades del mundo, entre los exiliados, asilados y emigrados, hubo celebración parcial y también sorpresa y hasta desconcierto. La atención estuvo puesta en las siguientes horas para adivinar —otra curiosa palabra, no había otra— el rumbo que tomarían los hechos.
En Venezuela hubo euforia a escondidas, por el miedo a la represión de las autoridades policiales y militares del régimen. No hubo celebraciones públicas. Donald Trump anunció el tutelaje —otra rara palabra— del gobierno venezolano por parte de Estados Unidos y designó —un verbo muy imperativo— a Delcy Rodríguez como presidente encargada. Esto alimentó el desconcierto. Luego se posesionó de la estructura petrolera venezolana, ordenó —también verbo imperativo— la excarcelación de los presos políticos y la eliminación de El Helicoide. Algunos funcionarios fueron destituidos, otros protagonizaron un enroque ajedrecístico de una posición a otra.
El secretario de Estado Marco Rubio ha sido un factor determinante en la ejecución de esas variaciones. El vocablo transición —de múltiples significados— es repetido con insistencia desde el 3 de enero, pero se desconoce a dónde conduce. En apenas dos meses se han registrado algunos cambios —pocos, en realidad— que en diciembre pasado parecían imposibles. Estos son hechos que nadie puede negar.
Pero ahora vienen las dudas, tanto dentro como fuera de Venezuela. Son muchas las opiniones y especulaciones sobre el futuro mediato e inmediato del país, en materia política, social y económica. Las redes sociales se llenan de informaciones contradictorias, la mayoría sin sustento real y otras originadas simplemente en los laboratorios de propaganda del régimen que aún gobierna. Pero en realidad nadie sabe exactamente lo que está pasando en este país ocupado y tutelado por Washington. Sospechamos que hay procesos en desarrollo, pero ignoramos cuáles son. Tampoco quiénes son sus protagonistas verdaderos y con qué objetivos.
Ante esta situación de incertidumbre, muchos venezolanos en el exterior —no todos— se plantean de forma angustiosa qué hacer: ¿nos vamos o nos quedamos? Pregunta válida con respuestas distintas.
Primero hay que recordar por qué han emigrado nueve millones de venezolanos desde 2015, de los cuales una tercera parte se encuentra en Colombia. Sabemos que los motivos son muy distintos, pero la mayoría de los ausentes lo hizo por razones económicas. Unas más graves que otras.
Regresar al país significaría que las situaciones que impulsaron su desplazamiento externo habrían variado de forma significativa, especialmente en el plano político y económico. Al momento de escribir estas líneas, Jorge Rodríguez sigue siendo el presidente de una Asamblea Nacional de dudosa legalidad, Diosdado Cabello se mantiene firme como ministro del Interior y Vladimir Padrino ha sido reemplazado por Gustavo González López como máxima autoridad militar. Se mantienen los cuestionados CNE y TSJ. Con un giro gatopardiano, las cosas cambian para que todo siga igual.
En lo económico, solo los hidrocarburos, ahora bajo el control directo de EE. UU., avizoran transformaciones. Empresas energéticas internacionales estudian la posibilidad de volver a nuestro país y, si invierten, requieren de garantías específicas. Con el reciente ataque estadounidense contra el régimen de Irán y el posible cierre del estrecho de Ormuz, los precios del crudo se disparan. ¿Cómo beneficia esto la producción venezolana?
De resto, el deterioro progresivo continúa. El tipo de cambio oficial de divisas se incrementa cada día y el del mercado abierto se distancia significativamente del Banco Central de Venezuela. La inflación más alta de América Latina no se reduce y, según los economistas más respetados, ascenderá a 174 % a finales de año. Los salarios del sector público en salud, servicios y educación continúan estancados en cifras humillantes. El consumo de la mayoría de la población sigue cayendo. El desempleo para principios de 2026 se sitúa en torno al 8,3 %, según indicadores recientes, en un contexto marcado por una altísima informalidad laboral que supera la cuarta parte de la fuerza trabajadora. La industria y los servicios enfrentan una incapacidad crónica para generar empleo estable, impulsada por la crisis económica y una profunda migración que redujo la fuerza laboral activa.
Otros datos. Según la asociación de exhibidores de cine, la asistencia a las salas del año pasado fue de 8 millones de espectadores, mientras que en 2015 fue de 30 millones. El descenso es notable. Solo un sector de la clase media asiste a restaurantes y otras formas de disfrute. En los centros comerciales hay muchos locales vacíos, en venta o en alquiler.
Estas circunstancias desestimulan las intenciones de muchos venezolanos de retornar a sus lares originales. Mucha nostalgia, eso sí, muchas ganas de volver, pero también mucho miedo a perder lo que han conseguido en los países receptores.
Quienes sí han manifestado su intención de volver son los activistas políticos venezolanos que han sufrido cárcel, tortura y persecución. Viven en condición de perseguidos y anhelan retornar a la lucha por la democracia.
Además, los emigrados más jóvenes han comenzado a hacer vida natural en esos países que los han recibido, han estudiado y conseguido empleos mejores que en Venezuela, se han casado y concebido hijos. Dudan de volver a su vida anterior. Como les pasó a muchos ciudadanos españoles, italianos, portugueses y demás, a partir de los años cuarenta del siglo pasado, que se integraron y se quedaron para siempre en nuestro país.
Tal vez, cuando el panorama venezolano sea más definido, las decisiones de volver serán más firmes. Cuestión de tiempo.
