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Asociación Avila Monserrate — Compromiso Democrático
Boletín · N.º 148

2025: el año que vivimos entre persecuciones, entusiasmos y esperanzas revividas

Balance de fin de año: la beatificación de José Gregorio Hernández, el Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado y la presión militar de Estados Unidos sobre el régimen marcaron un 2025 intenso, entre la persecución y la esperanza revivida.

Para los venezolanos de la resistencia democrática y nuestros aliados defensores de la democracia y los derechos humanos en los cinco continentes, el 2025 ha sido un año intenso, movido, lleno de momentos emocionantes, sentimientos contradictorios, y procesos de represión tristes y desgarradores.

Los tres acontecimientos que más resonancia han tenido, tanto en lo interno como fuera del país, han sido, primero, la beatificación de José Gregorio Hernández. En segundo lugar, la asignación del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado. Y, tercero, el más polémico y con repercusiones que aún no se pueden evaluar en su justa medida porque es un suceso en desarrollo, la decisión del gobierno Trump de desatar diversas formas de presión armada al régimen militarista venezolano, calificado como grupo terrorista internacional y cartel del narcotráfico.

La canonización de José Gregorio fue un hecho feliz. Era un acontecimiento que se esperaba desde hace mucho tiempo, no para legitimar un culto, sino para corroborar desde la jerarquía católica lo que la fe popular venezolana había decidido de manera espontánea y consensuada, prácticamente desde el momento mismo de su muerte: que el “médico de los pobres” es un santo.

Y aunque hubiésemos querido que el acontecimiento uniera al suficientemente dividido pueblo venezolano, el acto convirtió al Vaticano en otro capítulo y escenario de la guerra política que nos asedia y asfixia desde hace ya más de un cuarto de siglo.

La entrega del Premio Nobel de la Paz fue otro acontecimiento —feliz para la mayoría, despreciable para el poder oficialista— de escala e impacto internacional que no solo colocó a María Corina Machado como una de las mujeres más influyentes en la opinión pública mundial, sino que colocó a Venezuela en la prensa y las redes sociales, y al gobierno de Maduro en el ojo del huracán.

Fue, también, la oportunidad para hacer aún más visible la tragedia totalitaria, de persecuciones, represión y migración masiva que hace de Venezuela el escenario de un apocalipsis. Especialmente por la figura de “Yo acuso”, casi de juicio desgarrado, en el que se convirtió, a los ojos de todos, el discurso del presidente de la Comisión noruega del Nobel.

El País de Madrid, en su editorial del 11 de diciembre, lo calificó de esta manera: “El Nobel no es solo un premio: es una certificación planetaria (sic) del agotamiento de un proyecto político que ha desmantelado las instituciones, destruido la economía y expulsado a millones de ciudadanos”.

La ceremonia de entrega del Nobel, es prudente recordarlo, no fue un acto más de los que se celebran en Oslo al final del año, sino una especie de novela por entregas, avalancha de rumores y relato fílmico de acción protagonizado por la Nobel de la Paz, perseguida por el régimen militarista, oculta en la clandestinidad, cuya presencia o no en la ceremonia dependía de la posibilidad de salir del país en una huida marcada por el secreto.

Y el tercer acontecimiento, o más bien saga de acontecimientos —la escalada de operaciones militares de las fuerzas armadas de Estados Unidos en las vecindades del mar territorial y el espacio aéreo venezolano—, es el que en términos estrictamente políticos ha tenido mayor repercusión y tendrá en el futuro. También el que más polémica e incertidumbre ha generado y cuyo resultado final, y el tiempo de duración del conflicto, aún resultan imprevisibles.

Las más recientes acciones —los ataques armados a supuestas lanchas venezolanas transportando drogas, la incautación por operación comando en alta mar de un buque cargado de petróleo de comercio ilegal y la declaración del régimen de Maduro como organización terrorista internacional— encienden las alarmas del gobierno local, de los gobiernos en forcejeo con Estados Unidos, especialmente de rusos, chinos y cubanos, en un conflicto que ya es internacional, en el que Venezuela queda convertida en un tablero más del ajedrez de la geopolítica mundial.

Muchos acontecimientos más podrían comentarse. Alegres, como los repetidos triunfos en el escenario internacional de músicos y autores venezolanos. Tristes, muy tristes, como el incremento de la persecución política, que cierra el año con nuevos detenidos y desapariciones, y la muerte en cautiverio del exgobernador de Nueva Esparta, Alfredo Díaz. Y otros, generadores de nuevos escenarios que pueden influir en el destino venezolano, como la derrota de las fuerzas de izquierda ocurridas sucesivamente en las elecciones presidenciales de Ecuador, Bolivia y Chile.

Igual los venezolanos, los de adentro y los de afuera, no importa en qué país estemos, comeremos hallacas, pan de jamón y ensalada de gallina; escucharemos algunas de nuestras variadas músicas navideñas y la de los países donde hemos encontrado refugio; intercambiaremos con nuestros connacionales y con los amigos recientes los respectivos abrazos de Año Nuevo y haremos votos porque el 2026 nos renueve la esperanza de que vamos a tener una Venezuela mejor, con bienestar y democracia.

Desde la Asociación Ávila Monserrate les enviamos a todos nuestros aliados y lectores un saludo navideño y los mejores votos para el año que comienza.

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